Discriminación a un niño en un campo de fútbol
Discriminación a un niño en un campo de fútbol Resulta complicado escribir esta entrada de una noticia que comenta el Sport sobre la discriminación a un niño de 12 años en un campo de fútbol por parte de un árbitro, sin dejarme llevar por el cabreo que te provoca ver llorar a un niño que no puede hacer lo que más le gusta, que es lo verdaderamente importante.
La publicó en origen El mundo, también se han hecho eco de ella Cuatro, e incluso TVE también ha emitido un vídeo, y Europa Press ha hecho una nota de prensa que ya está circulando por las redacciones de los periódicos. Y digo complicado, porque tenía noticia de esta situación hace ya 5 días de ello, sobre lo que pasó en un campo de fútbol el 17 de marzo. Y tratando de ser objetivo, lo primero que puedo comentar, es que hay que ser troglodita para decir eso a un chaval de 12 años. Este bello deporte, al que se entregan con pasión los niños, los que luego no tienen culpa de nada, no se les puede quitar la ilusión de practicarlo. Si el reglamento, en este caso, pudiera estar a favor del árbitro, cosa que parece ser es posible, aunque nadie lo puede confirmar, entonces, como me comentó un amigo, habría que cambiar el reglamento, o en su caso aplicar el sentido común, áquel que te viene a la cabeza preguntándote que mal hace ese niño jugando con dos audífonos para poder estar en igualdad de condiciones que el resto de los niños.
¿Corre riesgo su integridad física o la de cualquiera de los otros niños porque él use estos aparatos? Alguien me ha comentado que un contrario puede darle un cabezazo y hacerse una brecha. ¿Verdaderamente es un elemento peligroso? Esto me lo tienen que demostrar. Porque a continuación vienen mis preguntas. ¿Las gafas que usa Edgar Davids son legales o tuvo la UEFA que adaptar el reglamento? ¿Las protecciones faciales que se usan cuando un jugador salta al campo con el pómulo roto son legales o se ha adaptado la reglamentación? ¿Y qué pasa si un jugador choca su cabeza en un salto con cualquiera de estos dos elementos, al igual que los audífonos?
Pero vayamos con lo que sucedió en ese partido de alevines, donde el colegiado Francisco Javier García Gómez, federado con el nº 06344 de la Federación Madrileña de Fútbol, discriminó a un chaval de 12 años por su sordera, a su entender cumpliendo el reglamento, acumulando errores al entender del sentido común.
Si ponemos estos dos datos encima de la mesa, uno no puede más que reprochar la actitud del árbitro, Francisco Javier García Gómez, cuando en el partido de la 1ª división madrileña de fútbol en la categoría de alevines, en el campo de El Naranjo de Fuenlabrada, entre el Lugo Fuenlabrada y el Griñón CF, a 8 minutos del descanso (no puede esperar al final del primer tiempo), se acerca al niño, y le dice ante su incredulidad que se debe quitar los audífonos. El niño no entiende nada. No comprende que delante de tanta gente se publique a los cuatro vientos que tiene una disminuía, que se le discrimine de esa forma, cuando lleva tanto tiempo jugando sin problemas. No sabe qué hacer, mira a su entrenador y a su madre, y no comprende qué ha hecho mal.
El colegiado se aferra a un reglamento (¿y qué pasa con los partidos anteriores?), para indicar a todo el que le pregunta que el niño para seguir jugando, se tiene que quitar los audífonos, si hace eso no oye y no podría jugar, le comentan al árbitro, y éste lo termina de arreglar gritándole al niño para comprobar sí es cierto. El llanto del chaval enardece al resto de padres, que cuando se enteran de la situación, empiezan a meterse con el árbitro (por decirlo suave), y ante el cariz de los acontecimientos y temiendo por su integridad, decide suspender el partido, el Griñón ganaba 0-6, y llamar a la policía.
¿Es posible entender esto? Tratamos de defender a los árbitros cuando se comenten injusticias sobre ellos, o se les agrede, pero no se hace nada cuando discriminan y meten la pata hasta el fondo cómo con la situación que vivió el niño. Uno, aunque no defiende la actitud del público, se pone en la situación como padre, y le costaría mucho no reaccionar así si ve a su niño llorar. Y no es cuestión de reglamento, se trata de sentido común. Jugadores en categorías profesionales han jugado con problemas de oído (no sé nombre de jugadores, pero me cuantan que por lo menos hay diez casos). A la vez me planteo que hubiera pasado si Maradona hubiese sido sordo. ¿El mundo no habría podido disfrutarlo por tener ese problema? Por favor, seamos consecuentes.
Algo hay que hacer. Así lo entienden los padres de Mario, que se ha convertido en noticia a su pesar, y han empezado a moverse (¿qué hubiera pasado si le toca a otro niño cuyos padres no tienen los medios para hacer frente a esta tropelía?), con el objetivo de que otros niños no pasen por lo que pasó su hijo, y para que se expediente a un árbitro, que no tiene la sensibilidad suficiente para dirigir un partido de niños (y habrá que esperar a la reacción del colectivo arbitral si se expedienta al colegiado).
Lo peor, no obstante, es enterarte al partido siguiente, que a consulta del entrenador y los padres sobre la especial situación de Mario, habría algún problema si jugase con los audífonos. Y el árbitro, aplicando el sentido común y la sensibilidad adecuada, entendió el problema y le dejó jugar con ellos. “Si no lo hace estaría en inferioridad de condiciones con el resto de compañeros”, fue su respuesta. ¿Por qué se quiso hacer protagonista entonces Francisco?
Vuelvo al sentido común, a la idea de que este juego en origen es de los niños. Que sencillo es el fútbol cuando se quiere. Se nos olvida que para jugarlo sólo hace falta un balón y una portería. A veces ni la portería. Y que el origen de que este deporte sea el más grande, está en esos niños dándole patadas a un balón, intentando emular a sus ídolos, con el sueño de llegar, algún día, a debutar en primera, tengan los problemas que tengan. Robarles ese sueño es imperdonable. Tanto como discriminarles.